domingo, 28 de diciembre de 2014

Revolver (1973)

 
Una organización criminal decide eliminar a uno de sus esbirros (Fabio Testi, el hirsuto Malnate de la adaptación que hizo De Sica de Il giardino dei Finzi-Contini), luego del asesinato de un magnate petrolero imputado al mejor amigo de aquél. El problema es que ahora deberán involucrar al subdirector de un penal (Oliver Reed) y a la joven e ingenua mujer de éste (Agostina Belli, la compañera de Kirk Douglas en Holocaust 2000) --aunque probablemente el término “problema” sea muy trivial o demasiado humano en medio de la maquiavélica operación puesta en marcha… Se trata de un efectivo drama de acción y suspenso a la italiana, un poliziottesco realizado por Sergio Sollima (el del legendario spaghetti La resa dei conti), con la presencia contundente y conmovedora de Reed, y la conmovedora y trascendente música del maestrísimo Ennio Morricone, que hace un inesperado, sutil y persuasivo comentario acerca de las relaciones imbricadas entre el poder y el delito, oponiendo al espectador el reflejo lúcido de un opresivo mundo propio, invulnerable e inasible..., además del paisaje ubicuo de la desesperación y paranoia de su ambiguo, (sobre todo) angustiado e impotente protagonista. Ojo a la secuencia inicial, cuyo lacerante retrato de amor amical o philos contemporáneo entre gangsters inspiró al Tarantino de Reservoir Dogs, al igual que la (en grado sumo) antológica “Un Amico” al de Inglourious Basterds. También en el reparto, Frédéric de Pasquale, el televisivo amigo de Fernando Rey en The French Connection. 3.5/5
 
 



sábado, 6 de diciembre de 2014

The Other Woman (2014)


En esta entretenida comedia de venganza mujeril dirigida por Nick Cassavetes, la aparentemente apocada esposa (sensacional Leslie Mann) de un ejecutivo en ascenso (Nikolaj Coster-Waldau) descubre progresivamente que éste es nada menos que un infiel serial, por lo cual une fuerzas con dos de las asimismo inconscientes amantes (Cameron Diaz y la modelo Kate Upton) para darle su merecido --surgiendo una insólita amistad. Después de la excepcional The Notebook (2004), Cassavetes ha tenido una suerte desigual con los argumentos femeninos; en My Sister’s Keeper (2009) y la película de esta nota, sin embargo, su colaboración con Diaz --una actriz cuando menos eficiente-- ha obtenido momentos de solvencia curiosamente desfavorecida por los críticos. The Other Woman, por ejemplo, es un trabajo quizá un tanto demasiado frívolo, zafio y largo, pero las risas no se hacen esperar, además de contener un pasable comentario sobre las relaciones maritales en estos tiempos tan vertiginosos. El soundtrack, como suele suceder en estos casos, es un plus; otro lo es el cuasi mítico Don Johnson en su fugaz aunque adecuado rol. En contra está el hecho de que la rapper Nicki Minaj aparezca más brevemente aun en su debut cinematográfico --no se trata de una actriz promisoria ni mucho menos, pero la mínima baja espalda de la (por otro lado) robusta Upton recibe, en cambio, todo el inexplicable aprecio del DP. 2.5/5

viernes, 14 de noviembre de 2014

Bilitis (1977)


Celebración de la niña-mujer y su belleza a un tiempo efímera y eterna, y de Patricia D’Arbanville (nacida en 1951) en particular, este retrato no puede evitar quedarse en la idealización sin pasar jamás a los matices psicológicos del sujeto --una feminidad añorada y capturada por la prodigiosa fotografía del director David Hamilton, quien acaso no tiene más intenciones que las mostradas. De todas maneras, y pese a la encantadora actuación de D’Arbanville, la pubertad intocable y sáfica --aunque no existe mayor relación con Les chansons de Bilitis, de Pierre Louÿs-- de la protagonista permanece abocetada en apuntes que son frustrantes por lo que parecen prometer; quizá un montaje más ceñido a las virtudes estéticas de Hamilton habría resultado en una película adecuadamente breve, con menos relleno, con una trama más extraordinaria que la que sigue a una niña excepcional en sus vacaciones en casa de una ex pupila de su internado, pero el metraje (in)suficiente está ahí como prueba de una poética/erótica visual sugerente como pocas, hecha de luz y color evocadores --ese estilo soft-focus único de su artífice-- y, por qué no, de esas pasionales notas del pentagrama con que Francis Lai redondea el delicado, exquisito carácter impresionista del conjunto. Más que la propia Bilitis, el espectador marcado por la inocencia de esa infancia otra, esa distante presencia del género opuesto en su preciso estallido constante y fugitivo, echa de menos las sombras que se entrecruzan en los espacios idílicos de un escenario ya y para siempre vacío. El film: 3/5 La música: 5/5




miércoles, 29 de octubre de 2014

Straight Talk (1992)


La incombustible Dolly Parton, uno de los verdaderos iconos de la música country americana, produce y estelariza esta amable comedia acerca de una mujer pueblerina que llega a la gran ciudad para realizar sus sueños. Mientras busca empleo, cierta oportuna confusión la transforma, de la noche a la mañana, en la Dra. Shirlee, la más solicitada consejera de las ondas radiofónicas. Por supuesto, no todo irá viento en popa: su ex pareja, un patán de barrio con el continente de Mr. Blonde himself (Michael Madsen en la época misma de Reservoir Dogs), y un galán con motivos ulteriores (James Woods), le complicarán la vida a esta innata psicóloga con razones para frecuentar la nocturna altitud de los puentes fluviales… El excelente soundtrack, hilado de canciones escritas e interpretadas magistralmente por Dolly, complementa la narrativa de una cinta formulista a la vez que beneficiada por las cualidades de su radiante protagonista. Ese irresistible canto a la resiliencia y a la fe que es “Light of a Clear Blue Morning” y el genialmente divertido tema del título, por sólo escoger los ejemplos más apuntalados, son constataciones certeras de una actitud vital plasmada en el ecran con artística honestidad y sentido del humor. 3/5

1977

jueves, 9 de octubre de 2014

Electric Dreams (1984)


Como casi toda buena canción, es ésta una de amor. La diferencia está en que se trata más bien de un video clip (o casi) de 120 minutos, producido y dirigido con el profesionalismo un tanto ingenuo y festivo que signaba su época. Se trata de un triángulo: Miles, un solvente pero socialmente limitado arquitecto que se acaba de mudar a NY; Madeline, la hermosa vecina de al lado (Virginia Madsen: algunos tienen esa suerte); y Edgar, la computadora a cargo de la seguridad del departamento de Miles, cuya vida amenazará con dominar cuando --oh diosa de los guionistas ochenteros-- cada uno de sus transistores se enamore de la chica (no por nada toca el violoncelo), a quien compondrá canciones en un anonimato digno del Cyrano. Estilizado manejo de cámaras y, sobre todo, una fina edición al compás del ecléctico pero armónico soundtrack (Bach, Culture Club y Giorgio Moroder componen la música), atento a las emociones cibernéticas, son, entre otras, las características que identifican esta fantasía colorida e inesperadamente oscura --una especie donde HAL 9000 se cruza con el optimismo que encubre la penumbra en John Hughes, anticipando los entresijos más espontáneos de la dramática Her (2013)--, protagonizada, por eso, por Bud Cort (uno de los actores clave de los 70s) en la voz de Edgar. La inolvidable canción final es de Phil Oakey, el vocalista y líder de The Human League. 3/5

jueves, 31 de julio de 2014

La dama rossa uccide sette volte (1972)


Emilio P. Miraglia dirigió su mejor giallo en esta intriga acerca de una rancia y truculenta maldición familiar. Según cierta leyenda ilustrada en conspicuo lienzo, el acerbo odio entre dos hermanas (una rubia y la otra morena, una vestida de rojo y la otra de negro, una asesina de la otra que volverá de ultratumba para vengarse) se renueva cada cien años en un castillo de la decadente aristocracia europea, y, en cada oportunidad, hasta llegar a la víctima principal otras seis tienen que caer. Al igual que en La notte che Evelyn uscì dalla tomba, una tal Evelyn es la ubicua villana de un asunto tenebroso a cuyo tenor sobrenatural se le buscará una explicación del todo lógica. No obstante, pese a sus propios fallos (por ejemplo, la importante revelación de la asesina no es una meticulosa sorpresa), esta vez se trata de una película mucho más lograda como trama detectivesca y de misterio, sin el peligroso humor involuntario del título anterior, con un guión más ajustado, creíble e, incluso, de alguna profundidad psicológica --sin olvidar la oportuna pincelada de poesía ni la precisa digresión existencial. La deslumbrante presencia de Barbara Bouchet (la femme fatale de Milano calibro 9), su “fría” protagonista en harto competente actuación, o de la sensualísima Sybil Danning, aunada a la creativa fotografía en Technicolor de Alberto Spagnoli y a la perversamente inocente música en clavicordio de Bruno Nicolai, son otras razones que justifican el visionado de esta ambiciosa pieza de género, tras la estela de Bava, Argento y Cía. ***½

    

viernes, 6 de junio de 2014

Gatica, el mono (1993)


Así como su colega John Cassavetes se permitía la diablura masoquista de un literalmente explosivo final para el Brian de Palma más pasado de rosca (justo después de Carrie), Leonardo Favio ejercía de argentino trovador para toda una generación de mamás (incluida mi mami preciosa) colgadas del romanticismo simple y casi insufrible (no obstante sensacional y subjetivamente conmovedor) de versos inolvidables como hoy corté una flor (y llovía, llovía). El grecoamericano era menudo y avisado, y a menudo avezado, como en The Dirty Dozen y The Killers; mientras que el cantante sin apellido --a la Angelina Jolie Voight-- era un gitano robusto de pañoleta roja y gorgoritos característicamente graves o más bien grávidos --¿Sandro anyone?--, en todo caso efectivos: y yo te iré contando tantas cosas bonitas... Ambos lo hacían por amor al arte, no hay duda, pues Leonardo Favio financió con aquellos éxitos radiales los equivalentes rioplatenses de Faces o Minnie and Moskowitz, legando una filmografía independiente y autóctona que ha creado escuela en esta parte del mundo.


No en vano hemos mencionado aquella genial adaptación que Don Siegel consiguió del relato breve fundacional de la série noire tipeado de pie por Hemingway: en Gatica, el mono, el boxeador como figura arquetípica, identificatoria de toda una mitología, reaparece con brío clásico en el ámbito del cine hispanoamericano. Biografía del campeón José María Gatica, se trata de una épica realista y estilizada, con la que el director (fallecido en noviembre de 2012) volvió de un prolongado retiro. El melodrama humano a la vez que arrabalesco, de gran guiñol, de su antihéroe sirve a una compasiva y, no obstante, honesta mirada en las miserias de una nación. La cámara de Favio prefiere, por eso, a la par que auscultar el temperamento psicológicamente complejo, revanchista y egocéntrico de Gatica, posarse en los eventos que suceden tras las bambalinas, aun en las sombras o en las exhalaciones de una crónica histórica hábilmente asimilada al ascenso e inevitable caída de un emblema no sólo nacional: también Favio era un peronista convicto. Iluminadoras son, en las escenas deportivas, las asociaciones entre el pugilato y el ritual católico --las cuales, como algunos otros elementos en la película, remiten a la modélica Raging Bull--, así como, en el privilegiado nivel privado, la descripción de la decadencia vital de Gatica en términos de una estética conscientemente tremendista. La interpretación dúctil e histriónica de Edgardo Nieva en el rol titular es nada menos que espectacular. "Tanguera", que después de ver la obra maestra de Favio el lector no podrá dejar de identificar en este arreglo, fue una composición de Mariano Mores, cuya música también forma parte de la comercialmente inédita Perón, sinfonía del sentimiento, del propio Favio. *****/*****

       

martes, 11 de marzo de 2014

Moi, fleur bleue (1977)


Después de conquistar a los públicos más exigentes con sus interpretaciones en Taxi Driver y The Little Girl Who Lives Down the Lane (ambas de 1976), la gran Jodie Foster, veterana de tan sólo 15 años de edad, se fue a hacer por primera vez las Europas --habiendo ya visitado Cannes a propósito de la obra maestra de Scorsese. Así es que antes de rodar la playera Casotto en Italia y regresar a Hollywood para seguir sacándole partido a su adolescencia tan atractiva como inteligente, Jodie protagonizó esta ligera comedia romántica acerca de una chica en busca de la pérdida de su virginidad que, más allá de la genial convicción con que la pequeña actriz incorpora a tal personaje y su asertividad (y que sus trotes en París me recuerden al púber James Joyce recorriendo en celo las calles de Dublín, imaginado por Anthony Burgess), no llega ni por asomo al nivel alcanzado por otras películas con similar apariencia y asunto, e.g. la sorpresiva Little Darlings (1980) estelarizada por una imprescindible Kristy McNichol. No obstante lo observado, y pese a que Moi, fleur bleue resulta lamentablemente trivial (por si fuera poco, el otro nombre de la producción era Jean Yanne, el Carnicero de Chabrol), el primer amor encontrado por la maravillosa Isabelle (Foster) en su cruzada desfloratoria de sí misma funciona inclusive, aunque no se quede sino en un boceto de pasión, en el plano musical, pues ésta fue la tercera incursión de mi estrella femenina favorita en el canto --luego de Bugsy Malone y Freaky Friday, también del copado 1976--: un debut francés en pleno, gorgoritos y todo. ***/*****

    

sábado, 8 de febrero de 2014

Pecado mortal (1955)


Basado en una novela rosa de la experta Caridad Bravo Adams, este melodrama engolado, convencional y previsible resulta, no obstante, de una solvencia innegable, beneficiándose especialmente de los matices góticos de su autora y de una convincente Gloria Marín. En el México rural se suceden los días de una pobre mujer con todo el dinero del mundo, a merced de un marido codicioso y libertino, inescrupuloso y dictatorial (Víctor Junco), que al parecer no es sólo culpable de su invidencia o de sus cotidianas humillaciones; la desdichada protagonista, interpretada con suma dignidad por Marín, sólo cuenta con el amor de su joven ahijada (Silvia Pinal), la ayuda de su sobrino estudiante de medicina (Ramón Gay) y la inexorabilidad de la justicia divina. La dirección de Miguel M. Delgado (colaborador habitual de Cantinflas) es sencillamente sólida, y, Marín aparte, la belleza de Pinal y la estólida imitación que hace Junco de Burt Lancaster justifican el visionado de esta pequeña solemnidad –no tanto así la deficiente galanura de Gay en un rol ajeno a su competencia. ***/*****

miércoles, 1 de enero de 2014

Gran Casino (1947)


Luego de perder su puesto de trabajo en el MoMA por culpa de Dalí y de que --si hemos de creerle-- Hollywood se apropiara gratuitamente de una idea suya para The Beast with Five Fingers (1946), el título con que Buñuel retornó al cine (si bien ahora de un talante industrial más o menos indiscutible) después de Las Hurdes (1933), el documental que cerró su inaugural, revolucionaria etapa francófona, fue un vehículo para el exclusivo lucimiento de los cantantes y estrellas Jorge Negrete y Libertad Lamarque. Tal cinta, pese a problemas en su recepción que han subsistido hasta hoy, es cuando menos un melodrama musical realizado con básica solvencia, que ofrece la gracia de su pareja protagónica e, inclusive, algún brevísimo apunte personal propio del Padre del Surrealismo fílmico. En México Buñuel llevaría a cabo casi veinte largometrajes, una producción cuantitativamente superior a la de su estadía en otros países que, naturalmente, resultó en varias de sus obras maestras unánimes: Los olvidados (1950), Él (1953), Nazarín (1959), El ángel exterminador (1962). En Gran Casino las convenciones y los estereotipos se hallan a la orden del día, sin que el maestro pueda hacer nada que no sea devolver una comisión ajustada y deliberadamente torpe; sin embargo, la rumbera Meche Barba y el matón Alfonso Bedoya en el reparto, además de la melodiosa banda sonora, dan fe de un entretenimiento asegurado.